martes, 14 de octubre de 2014

REGLAS PRIVADAS

















1º El lugar elegido para recibir instrucción debe ser tal, que no se distraiga la mente y
esté lleno de objetos magnéticos de “estimuladora influencia”. Entre otras cosas, han de
estar reunidos en un círculo los cinco colores sagrados. El lugar debe hallarse libre de
toda influencia maligna que planee en el ambiente.
[El lugar ha de servir exclusivamente Para la instrucción, y apartado de propósito. Los
“colores sagrados” son los matices del espectro, dispuestos en determinado orden, Pues
son muy magnéticos. Por “influencias malignas” se entiende toda perturbación, disputa,
altercado, malos sentimientos, etc., que se imprimen inmediatamente en la luz astral,
esto es, en la atmósfera, del lugar y planean “por el aire”. Esta primera condición parece
a primera vista muy fácil de cumplir, pero bien considerada resulta una de las más
difíciles de obtener].
2º Antes de que se le permita al discípulo estudiar “cara a cara”, ha de adquirir
conocimientos preliminares en una selecta compañía de otros discípulos legos
(upasaka) cuyo número debe ser impar.
[“Cara a cara” significa en este caso un estudio independiente o separado de los
demás, cuando el discípulo adquiere la instrucción cara a cara de sí mismo (su divino
YO superior) o de su gurú. Entonces recibe cada cual su debida información según el uso
que haya hecho de su conocimiento. Esto sólo puede acaecer al término del cielo de
instrucción].
Antes de que tú, (el instructor) comuniques a tu lanú (discípulo) las buenas (santas)
palabras del LAMRiN, o lo permitas “disponerse” para Dubjed, debes tener cuidado de
que su mente esté por completo purificada y en paz con todos, en especial con sus otros
Yos. De lo contrario, las palabras de Sabiduría y de la buena Ley se dispersarán
arrastradas por los vientos.
[“Lamrin” es un tratado de instrucciones prácticas escrito por Tson–kha–pa. Consta de
dos partes: una, con fines eclesiásticos y exotéricos, y otra para uso esotérico.
“Disponer” para Dubjed es preparar los objetos usados en la videncia, como espejos y
cristales. Los “otros Yos” se refieren a los condiscípulos. A menos que entre los
estudiantes reine la mayor armonía, no será posible el éxito. El instructor ha de hacer la
selección según las magnéticas y eléctricas naturalezas de los estudiantes y
aproximando y ajustando con sumo cuidado los elementos Positivo y negativo].
4º Durante el estudio deben los upasakas mantenerse unidos como los dedos de la
mano. Les enseñarás que todo cuanto perjudique a uno, ha de perjudicar a los demás; y
si lo que uno alegue no encuentra eco en el pecho de los demás, denotará que faltan las
requeridas condiciones y será inútil seguir adelante.
[Difícilmente sucederá esto si la elección preliminar se hizo con los requisitos
magnéticos. De otro modo, los discípulos, aunque parezcan aptos para recibir la verdad,
habrán de esperar muchos años, a causa de su temperamento y de la imposibilidad que
experimentan de ponerse, en armonía con sus compañeros].
5º El gurú debe armonizar a los condiscípulos como si fueran cuerdas de un laúd (vina)
que aunque cada una distinta de las demás, emiten concertados sonidos.
Colectivamente constituyen un teclado que responde en todas sus partes al más ligero
toque (el toque del Maestro). Así sus mentes se abrirán a las armonías de la Sabiduría,
vibrando en modulaciones de conocimiento en todas y en cada una de ellas, con efectos
placenteros para los dioses presidentes (ángeles tutelares o custodios) y provechosos
para el discípulo. También así quedará la Sabiduría por siempre impresa en sus
corazones, sin que jamás se quebrante la armonía de la ley.
6º Quienes deseen adquirir el conocimiento que conduce a los siddhis (potencias
ocultas) han de renunciar a todas las vanidades del mundo y de la vida. (Aquí sigue la
enumeración de los siddhis).
7º Nadie puede continuar siendo upâsaka si se cree diferente de sus condiscípulos y
superior a ellos diciendo: “Soy el más sabio”. “Soy el más santo, y mas grato al Maestro
o a mi comunidad que mi hermano” etc. Los pensamientos del upâsaka han de estar
predominantemente fijos sobre su corazón, eliminando de él todo pensamiento hostil a
cualquier ser viviente, y llenándolo del sentimiento de su unidad con los demás seres y
con todo cuanto en la naturaleza existe. De lo contrario, no es posible el éxito.
8º Un lanú (discípulo) sólo ha de rehuir las influencias externas (las emanaciones
magnéticas de las criaturas vivientes). Por lo tanto, aunque en unidad con todo en su
interna naturaleza, ha de tener cuidado de apartar su cuerpo externo de toda influencia
extraña. Nadie sino él ha de comer en su plato y beber en su vaso. Debe evitar el
contacto corporal (esto es, tocar o que le toquen) con seres humanos o con animales.
[Ni siquiera se permite tener animales domésticos, como perros, gatos, canarios, etc.,
ni tampoco tocar ciertos árboles y plantas. El discípulo ha de vivir, por decirlo así, en su
propia atmósfera, a fin de individualizarla con ocultistas propósitos].
9º La mente debe permanecer embotada para todo menos para las universales
verdades de la naturaleza, so pena de que la “Doctrina del Corazón” se reduzca a la
escueta “Doctrina del Ojo” (esto es, el vano ritualismo exotérico).
10º El discípulo no debe tomar alimentos de índole animal, ni nada que tenga vida.
Tampoco ha de beber vino, ni licores, ni usar opio, pues todas estas cosas son como los
espíritus malignos (lhamaym) que se aferran al incauto y devoran el entendimiento.
[El vino y los licores conservan y contienen el siniestro magnetismo de cuantas
personas contribuyen a elaborarlos. La carne conserva las características psíquicas del
animal de que procede.]



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