lunes, 15 de diciembre de 2014

MAHATMAS Y CHELAS

Un Mahatma es un ser que, mediante un entrenamiento y una educación especial, ha desarrollado esas facultades superiores y ha alcanzado ese conocimiento espiritual que, por lo general, la humanidad adquirirá después de haber pasado por una serie de innumerables reencarnaciones, durante el proceso de evolución cósmica si, entretanto, no se opone a los propósitos de la Naturaleza, causando su propio aniquilamiento. Este proceso autoevolutivo del Mahatma, se extiende a lo largo de un número de "encarnaciones"; aunque, relativamente hablando, son pocas. Ahora bien: ¿qué es lo que reencarna? Según lo divulgado en la doctrina oculta: los primeros tres principios mueren, más o menos, con lo que llamamos la muerte física. El cuarto principio, junto a las porciones inferiores del quinto, donde residen las proclividades animales, tiene su habitación en Kama Loca, donde sufre la agonía de la desintegración, proporcionalmente a la intensidad de esos deseos inferiores.
Mientras que, el Manas superior, el ser puro, es lo que se asocia con el sexto y séptimo principio y es el que entra en Devachan para gozar los efectos de su buen Karma y, luego, reencarnarse en una individualidad superior. Ahora es una entidad que está pasando por el entrenamiento oculto en sus vidas sucesivas; pero, gradualmente, (en cada encarnación), el Manas inferior se reduce más y más hasta que llega el momento en que, su Manas completo, siendo de un carácter totalmente elevado, se centrará en la individualidad superior; entonces podremos decir que esta persona se ha convertido en un Mahatma. Cuando su muerte física llega, los cuatro principios inferiores perecen sin sufrir; porque para él son, simplemente, un vestido que se pone o se quita cuando quiere. Así; el verdadero Mahatma no es su cuerpo físico; sino ese Manas superior que está indisolublemente conectado con Atma y su vehículo (el sexto principio, Buddhi). Una unión que él efectuó en un lapso relativamente breve, pasando por el proceso autoevolutivo, presentado por la Filosofía Oculta.
Por lo tanto: cuando las personas expresan el deseo de "ver a un Mahatma," en realidad, parecen no entender lo que están pidiendo. ¿Cómo es posible que ellos, con sus ojos físicos, esperen ver eso que trasciende la vista? ¿Quizá anhelan y buscan ver el cuerpo, un mero cascarón o una máscara? Supongamos que vean el cuerpo de un Mahatma; ¿cómo pueden saber que detrás de esa máscara se esconde una entidad sublime? ¿Con qué parámetro juzgarán si la Maya (ilusión) que tienen al frente, refleja o no la imagen de un auténtico Mahatma? ¿Quién puede decir que lo físico no es Maya? Las cosas superiores son perceptibles sólo por un sentido afín a ellas. Por lo tanto: quienquiera ver el verdadero Mahatma, debe usar su vista intelectual. Debe elevar su Manas de manera tal que su percepción sea clara, disipando la neblina creada por Maya. Así su visión será nítida y podrá ver los Mahatmas en cualquier sitio que estén; pues, habiéndose unido con el sexto y séptimo principio, que son ubicuos y omnipresentes, podemos decir que los Mahatmas están por todas partes. Al mismo tiempo, aunque los Mahatmas abarcan, con su vista mental, a la humanidad entera, no se puede esperar que noten, particularmente, cada ser humano, a menos que él, con sus acciones especiales, haya atraído su atención.
Podríamos decir que es análogo al escalador que, alcanzada la cumbre de una montaña, puede ver la planicie completa, pero sin discernir cualquier árbol o sitio particular, porque desde esta posición elevada, lo que está abajo es una simple amalgama, mientras su atención puede ser atraída hacia algo que sobresale de su medio ambiente. Lo que especialmente importa a los Mahatmas es el bien más elevado de la humanidad en su totalidad, porque se han identificado con el Alma Universal que compenetra a la Humanidad y aquél que quisiera atraer su atención, debe hacerlo mediante esta Alma omnipresente. A tal percepción de Manas se le podría llamar: "fe"; que no debemos confundir con la creencia ciega. A veces: "fe ciega," es una expresión usada para indicar una creencia sin percepción o entendimiento; mientras la verdadera percepción de Manas es esta creencia iluminada, que es el verdadero sentido de la palabra "fe."
Al mismo tiempo, esta creencia debería ser acompañada por el conocimiento: la experiencia; ya que el "verdadero conocimiento conlleva la fe." La Fe es la percepción de Manas (el quinto principio), mientras el conocimiento, en la auténtica acepción del término, es la capacidad del Intelecto: su percepción espiritual. En síntesis: la individualidad superior humana, compuesta por el Manas superior y el sexto y el séptimo principio, debería trabajar como una unidad y sólo entonces podrá obtener la "sabiduría divina"; ya que las cosas divinas son perceptibles, únicamente, por las facultades divinas. Entonces, el deseo que debería inducir a un individuo a buscar el discipulado, es el de comprender las operaciones de la Ley de Evolución Cósmica, al grado que le permitirán trabajar en armonía con la Naturaleza, en lugar de oponerse a sus propósitos, debido a su ignorancia.
[Artículo por H. P. Blavatsky]
Artwork; Phoenix, Krisztina Lazar

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